José, el padre terrenal del Verbo de Dios
El ángel Gabriel ya había anunciado el nacimiento de Jesús a María, y ahora este mensaje debía ser trasladado a José, el futuro esposo de la joven y con quien ya existía un compromiso igual de serio que el matrimonio, aunque ambos todavía no vivían juntos.
Antes de su boda formal con José, María descubrió que estaba embarazada por obra y gracia del Espíritu Santo. Esto causó confusión en José, quien amaba a su futura esposa, pero no podía lidiar con la idea que ella le había sido “infiel”.
La Biblia destaca que José era “justo” (Mateo 1:19) y aunque tenía la opción de infamar públicamente a María y someterla a una casi segura sentencia de muerte, él meditaba deshacer su compromiso con ella en privado. Toda esta situación vino a comprometer sus planes a futuro y añadió más desconcierto a su mente.
En ese caos que había en la cabeza de José, un ángel de Dios se apareció en sus sueños para decirle que no tuviera temor de recibir a María en su casa, ya que el hijo que estaba en su vientre había sido engendrado por el Espíritu Santo de Dios (Mateo 1:20).
Además, le indica que debe ponerle nombre al bebé que nacerá: ese nombre sería Jesús, ya que “Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).
Así como el mensaje de Gabriel cambió la turbación de María en obediencia al plan de Dios, el sueño de José aclaró su confusión y le dio convicción de recibir a María como su esposa, además de asumir la responsabilidad de darle nombre al Salvador del mundo.
María y José fueron dos de los personajes más importantes en el plan de Dios para traer a su Hijo al mundo. Ambos mostraron sus inseguridades ante el anuncio como cualquier humano, pero Dios no los desechó, sino que los fortaleció y disipó sus dudas para que asumieran juntos su misión.